Economía Digital: La OCDE diseña un esquema de tributación para los negocios digitales

Una de las cuestiones que más debate suscita en el ámbito fiscal es la forma en que deben tributar los beneficios de las empresas dedicadas negocio tecnológico y digital.

Se trata de un sector que genera un gran volumen de operaciones y obtiene importantes beneficios, pero siempre suscita dudas sobre si paga impuestos en cada país en proporción a los beneficios que genera en el mismo.

Recientemente la OCDE publicó un documento sobre la tributación de la economía digital. En él, se esboza lo que podría considerarse un esquema de tributación internacional de estos negocios. Este documento distingue dos pilares. El primer pilar se centra en reformar los principios de fiscalidad internacional para resolver la tributación de la economía digital y, el segundo, en que se garantice una tributación mínima global.

En lo que respecta al primer pilar, no pretende establecer un nuevo tipo de impuesto para las empresas dedicadas al ámbito digital, sino que, trata de implantar un sistema adecuado de reparto de los beneficios gravables que generan estos negocios entre los distintos países en los que desarrollan su actividad. El sistema que se utiliza actualmente se basa en la presencia física de las entidades en cada territorio, que en este sector es prácticamente irrelevante. En cambio, el sistema propuesto por la OCDE se basa en distribuir el resultado en función del lugar donde radiquen los consumidores y, por tanto, las ventas, asignando, eso sí, parte de la recaudación a aquellos territorios donde se realicen acciones destinadas a aportar valor añadido al negocio.

Por su parte, el segundo pilar contiene un doble objetivo. Se prevé un impuesto mínimo que permita al Estado de residencia de la matriz, ya sea final o intermedia, gravar rentas de filiales o Establecimientos Permanentes que no hayan sido gravadas de forma suficiente en su jurisdicción de residencia. Además, también contempla medidas anti-erosión que permitan negar la deducibilidad de gastos que generen renta sin gravar.

Queda por ver si, finalmente, estas propuestas serán consensuadas entre países con intereses contrapuestos y cómo se implementarán en cada país. Dos pasos no exentos de dificultades. Tendremos que estar atentos en los próximos meses a los progresos que se puedan dar en este ámbito.

Sin perjuicio de lo anterior, y centrándonos en nuestro país, no podemos dejar de hacer referencia a la aprobación por parte del Consejo de Ministros del Impuesto coloquialmente conocido como “tasa Google”. Dicho impuesto gravará la actividad de las grandes compañías de internet. El objetivo de esta medida es que estos gigantes tecnológicos paguen impuestos donde realmente generan su negocio. Con esta medida, el Gobierno aborda un asunto que, como hemos podido comprobar, está en el punto de mira del debate internacional: el pago de impuestos de las grandes compañías que prestan servicios digitales en aquellos lugares donde efectivamente desarrollan su actividad y/o general valor añadido, en lugar de desviar sus beneficios a territorios más laxos, en lo que ha política fiscal se refiere.

Laura Vírseda


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